Interpela, pero no censura

Foto: Diario El comercio

Belaúnde: "Yo no iré a la cárcel gratis"

Publicado: 2015-05-29

Martín Belaúnde Lossio acaba de ser recapturado en Bolivia y con ello termina un capítulo que sinceramente –por desidia o complicidad de las autoridades peruanas- el prófugo había logrado extender al máximo. Ahora mismo comienza la verdadera historia judicial del amigo de la pareja presidencial.

Lo primero y más importante que se debe precisar es que Belaúnde, a pesar de haber sido entregado vía una expulsión, llega a Perú extraditado por su participación en el caso La Centralita. Ese es el único caso por el cual será sometido a la justicia peruana como procesado. Allí Belaúnde tiene que responder por cargos vinculados a la actividad delictiva de una organización criminal asentada en la región de Ancash y de manera especial por la imputación formulada por el Ministerio Público que lo denunciado como integrante de una asociación ilícita para delinquir.

Si bien todo proceso de extradición acota la acción de la justicia ello no impide que Belaúnde sea procesado por otros hechos delictivos –como el caso Antalsis-, pero ello obligatoriamente determinará que Perú debe remitir a Bolivia una nueva solicitud de extradición. Mientras esto no ocurre lo más probable que Belaúnde solo declare sobre el caso la Centralita y –como otros extraditados- se resista a brindar declaraciones sobre otros casos no señalados en la sentencia que autorizó la extradición desde Bolivia. No tengo ninguna duda que Belaúnde le sacará máximo provecho a esta situación legal, más aun si otros casos lo pueden vincular a hechos que necesitan ser investigados y que están vinculados a la Primera Dama Nadine Heredia.

Es evidente que desde el momento en que Belaúnde fue incorporado al proceso La Centralita como procesado definió y ejecutó –magníficamente- una estrategia dilatoria del proceso. Es cierto que luego fugó, pero allí también ejecutó, nuevamente, una estrategia obstruccionista y dilatoria de la acción de la justicia peruana que lo requería en extradición. Ahora estamos en otro escenario. Ahora Belaúnde debe enfrentar, o mejor dicho defenderse, de las imputaciones formuladas por la Fiscalía.

Sobre ese nuevo escenario judicial en este momento cabe hacer dos preguntas. La primera es ¿cuál será la nueva estrategia de Belaúnde? Es cierto que en las múltiples declaraciones públicas realizadas en su estadía boliviana ha señalado que él no ha cometido ningún delito. Es previsible que en el juicio no se aparte de esa versión, pero es probable que ello esté condicionado a la segunda pregunta ¿qué tan consistentes y solventes son las imputaciones que la fiscalía ha presentado contra Belaúnde? A estas alturas creo que es indispensable hacer esta pregunta. En las siguientes semanas conoceremos con certeza las respuestas.

Pero junto a ello el caso merece un análisis aparte y se trata de la relación del extraditado con la pareja presidencial. Hay que recordar una frase categórica que Belaúnde dijo cuando comenzó su plan de fuga: “Yo no iré gratis a la cárcel”. No cabe duda que era un mensaje político a quienes en el pasado inmediato había servido como jefe de campaña electoral y que en ese momento seguramente pensó debían ayudarlo a salir del embrollo legal en el que comenzaba a estar involucrado. Las diversas experiencias recientes del sistema de justicia señalan que muchos procesados cuando pasan a estar detrás de las rejas deciden hablar lo que saben y conocen.

La historia –de Belaúnde- recién comienza hoy.

Lima, 28 de mayo de 2015



Escrito por

Carlos Rivera

Coordinador del Área Legal del Instituto de Defensa Legal. Abogado especialista en asuntos penales y derechos humanos. Ha sido defensor de la parte civil en el juicio contra el ex presidente Alberto Fujimori y en muchos otros casos investigados por la Comisión


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